Un segundo plato ligero, delicioso y fragante que conquista incluso a quienes no gustan de las verduras.
PlatosListo
La belleza de esta receta es que nace tal como suele ocurrir en la cocina: de unos cuantos calabacines en la nevera, algo de pan duro y el deseo de preparar algo diferente a lo habitual. ¿El resultado? Un pastel de carne de calabacín dorado por fuera y suave por dentro, con un corazón fibroso de mozzarella y setas salteadas.
Es el punto medio perfecto entre una tortilla al horno y un pastel de plumas sabroso, pero mucho más auténtico. Aroma de verano, se prepara con antelación y se calienta en unos minutos: también es excelente para llevar al trabajo o en viajes.