No es que nunca saliera con alguien; Al contrario. Pero por alguna razón, nunca parecía funcionar. Con el tiempo, me acostumbré a estar solo, pasando los días cuidando un pequeño huerto, criando algunas gallinas y viviendo una vida sencilla y tranquila en las afueras de un pequeño pueblo del Medio Oeste.
Ganado
Ver
más Cumpleaños
y Conmemoraciones
de Oratoria Historia
En una fría tarde de finales de invierno, pasé junto al mercado local. Allí estaba: una mujer delgada con ropa gastada, cerca del aparcamiento, con la mano extendida, pidiendo comida. Lo que me llamó la atención no fue su abrigo raído, sino su mirada: amistosa y clara, pero llena de profunda tristeza. Fui a ella y le di un bocadillo y una botella de agua. Murmuró un suave “Gracias”, bajando la mirada.
Esa noche, no podía dejar de pensar en ella. Unos días después la vi de nuevo, en otra esquina, temblando de frío. Me senté a su lado y empecé a hablar con ella. Se llamaba Hannah. No tenía familia ni dónde quedarse, y había sobrevivido durante años, mudándose de pueblo en pueblo, pidiendo comida y refugio.
Algo en mí cambió. Sin quererlo, dije: